El águila que caza drones

El hábil águila que caza drones

No acostumbra cazar tiernos corderos.

La destreza de la ignorancia irreal,

Escondida tras las inquietas nubes

De una belleza claramente real,

Confunde la entereza de los sabios.

Rostro de una pretendida ingenuidad,

La fingida miopía intelectual

Adorna los pliegues de una mirada

Altiva, de quien se sabe observado

Sin los filtros del desconocimiento,

Ni ese mínimo ahorro de intenciones.

Mas, el viento sonríe a la corneja

Que se deja mecer por el ramaje.

Soneto In-verso

Ya que arranco con el último verso

Y reculo con trayectoria adversa,

Errática, peregrina y perversa,

Aparco la lógica en el reverso.

 

Diluida está en mi mente dispersa

La idea que, en ocasiones, tergiverso

– Ocio sin cotejo en éste universo –

Y que con los perturbados conversa.

 

Metido en traje nada anatómico

Color azul oscuro casi prieto

Quedo de personaje episódico.

 

Y ahora… ¡Pardiez! ¿Pero donde me meto?

– En qué jardín de adelfas y acónitos –

Para mal regalarte éste soneto.

Lejos De Luminosos Colores

El hambre de nuestros antepasados

Recrea el color de nuestras palabras.

Los vocablos de tinte oscurecido

Lejos de los fulgurantes colores

De la siempre urticante primavera,

Han sido transmitidos por la triste

Sopa, desierta de otros añadidos,

De austeros aditamentos con los que

Calentar los vientres abandonados.

La herencia del pensamiento sombrío

Enriquece el arte y a su ejecutor.6_20160307292vpr

Otro Instante De Suspendido Sosiego

Con un poco más de tiento que sentimiento

Encuentro la vía más fría y deslizante

Hacia otro instante de suspendido sosiego

En medio de un enredo de emociones vagas.

 

El gato del sueño me dice: “Lo de arriba”

Pensando que voy a entender su sugerencia

Y asumirla con sensatez inteligente.

Pero solo me queda inteligente duda.

 

Recojo las faldas de lluvia irisada

Que caen sobre mis ojos con intención sana

Y litros de licores no tan saludables

Que no dejaremos caer en saco roto,

 

Sino en el saco mil y una veces remendado

Por las tejedoras de sueños en sus ratos

De holgado esparcimiento y libre disposición.

Capeando estoy la serenidad suspendida.

Ese Pozo Iluminado Por La Luna

Es fría la tendencia

Cuando el desencanto general

Nunca afecta de forma notable

A quienes nunca estuvimos encantados;

 

Pero si un rayo de sol atraviesa

nuestro caparazón de porcelana,

Podemos repetir la sensación de un gato

Embozado en la barriga de un perro,

 

Como la sonrisa cálida

De gélida patinadora triunfante,

En su paseo por el filo interno

Más hendido e hiriente.

 

Como los restos del festín

Buscan la proporción del placer

En el estómago agradecido

De un camarero enamorado.

 

Mas mi sonrisa se ha congelado

En el fondo de un pozo

Iluminado por la luna.

Autoservicio

Los juegos más crueles

Del azar cotidiano

Envuelven realidades

De tensa penumbra.

Un hombre joven

Llegado de más allá del sur,

Apoyado en un contenedor

Como quien se apoya en la barra de un bar,

Rescata un par de bocadillos envasados

Limpiando cuidadosamente las partes verdes,

Y conversando, mientras come,

Con un compañero invisible

Que yo observo desde mi ventana.

Si el estar bien es un estado,

Sospecho que ya ha sido destruido.

Olvidar puede dañar seriamente la salud

Hace, quizá, unos cuantos años; un mediodía de domingo, en un restaurante de fama merecida, hoy inexistente y propiedad de un amigo, hoy de un banco, me encontraba yo por aquello de tapear. Y, bajando, tras lavarme las manos, por aquellas escaleras, en plan Scarlett, me encontré al final de ellas a un tipo acostumbrado a que la gente le saludase por el simple hecho de ostentar un cargo inmerecido. El individuo de la mano tendida acababa de vender la funeraria madrileña por el módico precio de UNA peseta, no es broma. Era, tal vez, el pistoletazo de salida a las privatizaciones en esta ciudad castigada,- esa rastrera costumbre que consiste en robar las empresas públicas a los pobres para regalárselas a los ricos; empresas, muchas veces, de gran solvencia y futuro -, y que años después sería motivo del procesamiento y condena de algunos cabezas de turco. Pero nuestro hombre se fue de rositas a presidir, creo, el Ifema. Yo, sin dudarlo ni un instante, rechacé la mano de aquel impresentable por preservar mi dignidad y porque acababa de lavarme las manos y no era cuestión de ensuciármelas tan rápidamente…

¡¡¡Fuera las mafias de las instituciones, por favor!!!

E.P.

“Compañeros del crimen”, Gema Palacios

Antes de cambiar su afición por las anfetaminas,- para intentar que la belleza de su cuerpo fuese comparable a la de su alma -, por una más atrayente y peligrosa tendencia a las sobredosis de ansiolíticos, Alejandra Pizarnik nos decía: “Toda la noche espero que mi lenguaje logre configurarme.”

En el caso de Gema Palacios, su lenguaje ya logró esa configuración hace tiempo. Su breve experiencia, fruto de esa famosa enfermedad que suele curarse con los años, no le priva de la clara posesión de un verbo maduro y solvente. Los cómplices de sus crímenes, (Compañeros del crimen. Ediciones Paralelo. 2014), pasean por sus versos para hacerle compañía en el silencio de la noche, cuando busca chocolate en la nevera.

Podemos imaginarla guarecida por un empapado paraguas bajo un plomizo cielo bonaerense, o bajo una fina lluvia parisina cuando “llueve/y qué importa si llueve esta noche/si estoy a salvo bajo tu ignorancia/que moja en silencio mis pupilas enormes…” La poesía, que es como un mapa que delimita el territorio personal de las emociones,- no confundir con el marcaje de territorio de los perros -, que marca las fronteras de las palabras propias e íntimas, nos permite, en ocasiones, el reproche; “siempre me han picado los jerséis de lana/el encaje en las ingles/los hombres que se van cuando los quieres…” Visión clara, al margen de la abstracción inherente al verso. Abstracción que se incrementa cuando la miopía embellece, aún más, la mirada en las mujeres bellas.

Le queda tiempo, en esta relación de crímenes, para dedicarle un recuerdo a mi admirado Ara Malikian, con quien tantas horas de trabajo he vivido, “ojos de una sola gota/vientre dormido de violín y llanto/materno de guitarra…”

El crimen del que trata éste segundo poemario de Gema, y del que algunos nos sentimos cómplices, no está adscrito a los atentados al verbo o al verso; al diccionario o la poesía. No. Eso tendrá que descubrirse con la lectura de estos “Compañeros del crimen”. “…hasta llorar de fiebre, y de dulzura, y de misterio/o de miseria/a lo lejos se oyen los tambores/muy pronto seremos devorados.”

Eduardo Prieto.

El día que murió Peter O’toole

El actor irlandés que tantas veces representó a reyes ingleses, coronados o destronados, lúcidos o ebrios de ambición, rechazo el ofrecimiento de la reina cuando quiso nombrarle caballero – sabía que a los golfos no les sienta bien el traje de caballero -, pero nunca rechazó una ronda de whiskey con R. Burton y R. Harris.

El irlandés con sangre escocesa, lo mismo te hacía un Shylock que un Hamlet entre las más de trescientas versiones en cine de las obras del bardo misterioso y prolífico. Género éste, tan irrepetible que apenas ha osado nadie atreverse a emularlo.

Con menos whiskey del deseable, mientras O’toole buscaba el paraíso de los condenados por última vez en un hospital de Londres, nosotros descendíamos a los infiernos para terminar un película pequeña, aunque quizá muy grande, cuyos versos tal vez habrían deleitado los oídos de Calderón o el mismísimo poeta de Stratford-upon-Avon, desde nuestra humilde intención y lejos de aprovechar las migajas de tan ilustres convidados.

Después de largos meses de esperas desesperantes y retrasos mortificantes el verso comenzó a fluir frente a la cámara, mostrando el arduo y excelente trabajo de una actriz de alto calado, y un equipo indispensable y generoso, sin el que habría sido muy difícil tener en las manos el ansiado copión de “Y EN ESO…”. Enhorabuena y Gracias. Sencillas y sentidas palabras. Que la sangre, la sombra del fotograma, y sus pasos, corran, siempre, alegremente por vuestros vasos.

Eduardo Prieto.

Y EN ESO... Rodaje (1)

Y EN ESO… Rodaje (1)

¡By, By, ¿Baixas?

Se acaba, invariablemente, el tiempo de las mentiras, para dar paso a una situación más real; más creible; más sensata. No siempre funciona la máxima de: una mentira mil veces contada se convierte en una verdad oficiosa. El ternero sometido por el aturdidor alemán, tendrá que cambiar de estrategia, y aprender, como un chico nuevo y maleducado en la escuela, a decir solo lo que es cierto. El resto se lo puede callar, ya no nos resulta divertido. Quizá, ante los percebeiros pueda caer como un chico alegre y gracioso. Los que estamos hartos de errores y mentiras en altos porcentajes, solo deseamos que no lo estropee más de lo que ha hecho, que es más de lo permisible. Que se vaya a registrar propiedades, ya que no ha sabido inspeccionar cuentas corrientes fraudulentas: algo que sus amigos agradecerán, y que a nosotros nos hundirá más aún en la miseria. Hasta nunca, sombra discreta e imperceptible de legislador.

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